No es un libro en el que pasen muchas cosas ni tiene una trama impresionante, pero esto es lo que lo hace único y especial, sobre todo en estos tiempos que estamos hiperestimulados: si no pasan mil cosas por página nos aburrimos, y tenemos que recordar el ritmo de la vida real: las recetas se cocinan a fuego lento, los viajes se saborean paso a paso, las reflexiones se rumian una y otra vez... he sentido este libro como una pausa, un descanso. Acompañar, como si fuese un fantasma, a Ana en su viaje. Por supuesto, me he entristecido, me he enfadado, me he sentido sola junto a Ana, y me ha hervido la sangre al ver las injusticias que se cometían en este entonces contra el pueblo.
¿Por qué Ana no? Porque lo ha perdido todo. Era Ana Paucha, una mujer enamorada, madre de tres hijos, amante de su tierra, llena de alegría... pero la guerra se lo quitó todo. Ya no está enamorada, ya no tiene tres hijos, ya no tiene su tierra y la alegría ha desaparecido. Es Ana no.
Es una lectura preciosa, de estas que te hace una herida en el corazón y te recuerda de dónde venimos, lo que sufrieron nuestros bisabuelos y abuelos. Asimismo, no deja de ser un aviso de lo que nos espera si hay algún conflicto bélico.
El autor ha publicado más libros que por supuesto, me he apuntado. Seguiré de cerquita su trayectoria literaria, pues su prosa es maravillosa y muy cuidadosa, a pesar de los temas que trata.
Se queda en mis libros favoritos del año.