No es ningún secreto que me gustan mucho los microensayos de la colección Hojas de Col de la editorial Col & Col. He leído hasta el momento tres ensayos de esa colección, y casualmente los tres están reseñados aquí. ¡Me parece curioso porque comento muy pocos libros de los que leo, y justamente los de esta editorial están aquí todos!

2. Matar un bar: lo compré por un impulso y en un arrebato de confianza hacia la colección. Me gustó tanto el primero que supuse que este también. Y acerté.
3. De lentejas y caviar. El que estoy comentando ahora mismo.
Y me leeré más de esta colección, estoy segurísima. Por el momento se han publicado ocho libros de la colección, y aunque mi idea no es comprarlos todos (desgraciadamente mi poder adquisitivo no es ilimitado), sí que me gustaría leer la mayoría porque considero que la temática es interesantísima.
En este ensayo, su autor Jorge Guitián, un crítico gastronómico nos lleva de la mano por sus reflexiones en torno al valor cultural de la gastronomía, la importancia de las tradiciones que tienen en nuestro país, el entramado (en ocasiones ilícito) que hay detrás del márquetin de los restaurantes...
Una idea muy recurrente y con la que estoy muy de acuerdo del ensayo es que los tiempos están cambiando. La gastronomía está cambiando. Leyendo este ensayo recordé este artículo en respuesta a una declaración que hizo Juan Roig vaticinando que en 2050 no habrá cocinas en nuestras casas. Aunque el ensayo esté más enfocado a restaurantes, las cocinas también son una parte fundamental de la gastronomía.
Según como yo la entiendo, la gastronomía me parece una parte importantísima de quién soy: mi dieta es principalmente vegana, intento comprar a granel, de temporada y de proximidad. Sólo con mis decisiones en cuanto a la gastronomía ya estoy mostrando quién soy. Y en cuanto a la cultura española, la sangría, el rebujito, la paella, la escalivada, las papás arrugás y el limón serrano, también dicen mucho de cómo somos como país.
Conclusión, ¿recomiendo este ensayo? Definitivamente sí, aunque siendo honesta se me ha quedado un poquito corto. ¡Me hubiese encantado que hubiese sido un poquitín más largo!
Nos leemos.
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