¡Hola! ¿Cómo estáis? Ya estamos oficialmente en Octubre, ¡está pasando rápido el tiempo, eh! Bueno, hoy vengo con la cabeza gacha. Este es un libro que me envió la editorial en Junio, y yo todavía no lo había reseñado. Lo leí en su momento (le tenía muchísimas ganas) pero se me pasó por completo comentarlo, y cuando me he querido dar cuenta, veo que han pasado ¡cuatro meses!Bueno, lamentos aparte (soy un desastre andante), vengo a comentaros esa lectura fresquita que me vino al dedillo en plena época de exámenes para desconectar un poquito por las noches.
- Sinopsis-
Tiffy Moore necesita un piso barato, y con urgencia. Leon Twomey trabaja de noche y anda escaso de dinero. Sus amigos piensan que están locos pero es la solución ideal: Leon usa la cama mientras Tiffy está en la oficina durante el día y ella dispone del apartamento el resto del tiempo. Y su modo de comunicarse mediante notas es divertido y parece funcionar de maravilla para resolver las vitales cuestiones de quién se ha acabado la mantequilla y si la tapa del váter debería estar subida o bajada.
Claro que si a eso se añaden exnovios obsesivos, clientes exigentes, hermanos encarcelados por error y, lo más importante, el hecho de que aún no se conocen, Tiffy y Leon están a punto de descubrir que lograr la convivencia perfecta no es fácil. Y que convertirse en amigos puede ser solo el principio...
- Reseña-
Para empezar, es una lectura a la que fui completamente sin expectativas, y lo pedí porque me llamaron un montón la atención la sinopsis, la idea de compartir cama (¿HOLA?) y el hecho de que sus páginas estuvieran pintadas de color rosa. Lo sé, soy así de simple.
La maquetación es maravillosa -ya sabéis lo mucho que me gusta leer en tapa blanda- y el hecho de que tuviera las páginas en color magenta me ganó del todo.
Nada más empezar a leer, vemos cómo se nos presenta un problema: Tiffy Moore, en efecto, está muy mal de dinero y necesita conseguir algún piso más barato que el que tiene, porque no se lo puede permitir. Es una historia súper diferente a las que he leído antes, muy curiosa y que tiene un puntazo.
Por otra parte, conocemos a Leon, el chico que le alquila la cama a Tiffy, y tengo que decir que también me cayó muy bien, con sus problemas y su lado sensible.
Pero... Os tengo que ser sincera, y es una historia que a pesar de ser amena, fresquita, bonita y que se lee fácilmente, no es una gran novela. Es de esas historias para leer entre dos lecturas pesadas, o para que te saque de un bloqueo lector, o simplemente, para entretenerte.
Sinceramente, no sé muy bien de dónde sacar chicha para hacer la reseña, así que recurriré a un comentario que hizo @donostiabookclub en nuestro grupo de chat de Instagram cuando hicimos la lectura conjunta del libro: apuntó que podía ser una crítica social el excesivo precio de los alquileres en las grandes ciudades, hasta el punto de que dos personas tuviesen compartir una cama porque no se podían permitir pagar una habitación.
Obviamente, es un caso extremo pero... sigue siendo una crítica al fin y al cabo, ¿no?
La historia en sí es bastante predecible, pero bueno, no os diré que se hace aburrida porque estaría mintiendo. La leí en plenos exámenes y la disfruté un montón.
¡Por cierto! Se me olvidaba. La narración es en primera persona, con algunos capítulos narrados por Tiffy y otros capítulos por Leon. La parte de Tiffy bien, pero la de Leon me costó un poquito porque está escrita en forma de teatro. Los diálogos aparecen como si fuera un guión, al principio me costó un poco acostumbrarme, pero en cuanto me familiaricé con la lectura todo fue guay.
Tras terminar de leer, vais a decir: Pero Mo... ¿entonces me lo recomiendas o no? Bueno, mi respuesta es que si tenéis pensado leerlo, dadle una oportunidad, quizás os guste más que a mí. En caso de que no os termine de llamar la atención del todo... hay libros más completos.
¡Un besito y hasta el próximo domingo!
Mo-